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Un reciente estudio de BIA/Kelsey no sólo demuestra que la inversión en social media marketing ha crecido, y mucho, de unos años a esta parte, sino que pronostica que este crecimiento está al alza: se calcula que en 2017 se alcance una inversión de 11.000 millones de dólares, lo cual es una cifra muy alta y más aun comparándola con la inversión en 2012: 4.700 millones de dólares.

Pero ante todo este esfuerzo económico surge la pregunta inevitable, ¿realmente vale la pena? Las estadísticas arrojan una respuesta negativa a esta pregunta. Tan sólo uno de cada veinte usuarios de Facebook ha hecho click en un anuncio durante el año pasado y menos de uno de cada diez piensa que la publicidad personalizada en Facebook sea relevante para él.

Parece que todo este desfile publicitario en nuestras redes sociales y teléfonos inteligentes no hace más que invadir nuestra intimidad, lo cual parece a priori más bien contraproducente para los anunciantes.

La promesa de marketing que venden las redes sociales es principalmente su habilidad para acercar a los consumidores a las marcas, pero esta promesa conlleva mucho empeño y los resultados no se dejan ver en un chasquido de dedos.

Para conseguir ese acercamiento entre marca y consumidor es necesario ofrecer contenidos de calidad que vinculen al usuario con la empresa. La publicidad en las redes sociales debería ser un resultado, no un producto. Un buen contenido será compartido por los usuarios y generará “me gusta” y comentarios positivos por sí solo. Si una marca acostumbra a los usuarios a estos buenos contenidos, éste comenzará a vincularse con mayor fuerza a la marca en cuestión, lo cual acabará traduciéndose en mayores compras.

Las redes sociales no son la gallina de los huevos de oro, pero con un alto grado de involucración y sobre todo la publicación de contenidos de calidad pueden conseguir crear lazos fuertes con los consumidores, y ganar así nuevos.

Fuente : marketingdirecto.com

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