El destino de muchos otros gadgets es más feo y sucio, un lugar al que no querréis ir, Agbogbloshie, el cementerio de gadgets de Ghana.

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Agbogbloshie es un asentamiento ilegal a las afueras de la capital de Ghana, Accra. En sus poco más de 16 kilómetros cuadrados se hacinan más de 7.000 personas, aunque se calcula que van y vienen unas 40.000. El principal medio de subsistencia consiste en quemar dispositivos para obtener cobre, aluminio, acero o latón. El proceso libera todo tipo de sustancias tóxicas como plomo o mercurio que impregnan el aire, la tierra, el agua, y a sus ‘trabajadores’.

¿Cómo llegan tantas toneladas de resíduos electrónicos hasta este vertedero en África? En 1992 entró en vigor el tratado de Basilea, un documento firmado por 180 países (tenéis la lista completa de miembros aquí) que trata de controlar los movimientos transfronterizos de desechos tóxicos o potencialmente peligrosos.

Lamentablemente, hay países como Estados Unidos que firmaron el tratado, pero se negaron a ratificarlo. Otros gobiernos y otras empresas que sí lo ratificaron simplemente han encontrado maneras más creativas de enviar los gadgets que no quieren a Agbogbloshie y a otros lugares similares. A veces la supuesta ayuda para reducir la brecha digital en los países en vías de desarrollo no es más que una excusa para deshacerse de dispositivos que los propios habitantes de estos países acaban tirando por ser demasiado viejos.

El fotógrafo Michael Ciaglo, del Colorado Springs Gazette, visitó recientemente Agbogbloshie y se trajo consigo espeluznates fotos que explican el problema en imágenes. Podéis ver debajo algunas (la de apertura es también de Ciaglo).

El problema de estos residuos, lejos de desaparecer, no hace sino aumentar a medida que los márgenes de renovación de smartphones, tabletas o televisores son cada vez más cortos. Un problema que a Occidente prefiere olvidar.

Fuente: Gizmodo

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